Un fracaso que estaba anunciado aun antes de empezar, una piscina sin agua a la que te tiras sabiendo que el golpe va a ser duro. Caer y levantarte. Arroparte en aquellos ojos azules que te abrazan, en aquella mirada cómplice. En la lujuria de una tarde de domingo en compañía. Volver a caer en brazos de la persona menos indicada, pecando, dejándote llevar más de lo que debes. Perderte hasta encontrarte, dejarte ayudar. Quererte a ti misma, con mu...