La poesía de Miriam Reyes escarba en lo oscuro. No necesita saber lo que busca ni entender lo que encuentra, pero no puede parar de escarbar: todo huele a tierra y a sangre. Su escritura parte del cuerpo -una propiedad que la posee, un refugio que la deja a la intemperie- y de esa tierra que acumula en las uñas y en los zapatos. Su lenguaje es afilado y sirve para hacer incisiones, pero también para jugar y recoger la ceniza, para desga...