«Si pudiéramos viajar en la máquina del tiempo, ese artefacto posible según Stephen W. Hawking, muchos haríamos nuestro primer viaje a la Córdoba de los Omeyas. Poder recorrer las calles de una ciudad capital del mundo civilizado, ver cómo eran las audiencias de unos reyes visionarios y clementes, cómo se preparaban los platos más exquisitos en las casas de las grandes familias, cómo estudiaban los niños, qué especias se vendían en los mercados, ...