Cabalgando sobre la revolución impulsada por las máquinas de vapor, las potencias europeas del último tercio del siglo XIX desarrollan ferrocarriles, industrias textiles y, por supuesto, nuevas armas con las que dotar a los ejércitos que dominan el mundo colonial. Los barcos acorazados van sustituyendo a los viejos navíos de madera, las ametralladoras se imponen frente a los lanceros a caballo y los torpedos autopropulsados empiezan a verse como ...