«Cuando era niño solía ir a menudo a Luxemburgo. Podría recapitular mi existencia hablando nada más que de este jardín y de las imágenes que despierta en mí. Inviernos de guerra… las mañanas cuando se me hacía tarde y corría hacia el liceo Montaigne… Instante fijo: el mismo y eterno anciano del traje gastado arroja pan a los pichones. Una joven elegante vigila de reojo a su hijo que se lava las manos en la tierra…». ¿Puede...