La primera de las crónicas de este libro comienza relatando la entrada de un contingente de soldados desde Puerto López hasta Remolinos por vía fluvial. Llamado segundo contingente, la única orden que sus soldados deben cumplir es echar río arriba sin distraerse un minuto, sin girar la cabeza un instante, con los ojos puestos siempre en el río. Cuando atracan en la orilla, los mandan a dormir sin comer y dos los muchachos deciden escaparse a busc...