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Andrei Tarkovski. La imagen total

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Andrei Tarkovski. La imagen total
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El cine de Tarkovski es un cine o de superficie, volcado hacia un mundo que se manifiesta no como imaginario, como proyección de contemplador, sino como entidad autónoma, resistente. De lo que en él se trata es, sobre todo, de alcanzar una forma esquiva, de descubrir un gesto, aunque sea furtivo, del objeto, y a partir de ahí desarrollar un realismo que no transita a través de lo verosímil, de la mímesis naturalista, sino a través de la materia de la imagen, del contorno preciso del objeto, de la forma figurativa exacta.Tarkovski ha saturado sus películas de imágenes potencialmente simbólicas e hipercodificadas, inmediatamente reconocibles. Por el símbolo sólo funciona entre imágenes no simbólicas. Sólo funciona como excepción, no como regla. Pasado cierto umbral, la proliferación de lo simbólico anula el propio símbolo como imagen profunda, volviéndola ostentosamente superficial, imagen mil veces descifrada y es sellada: sólo se representa a sí misma y en sí misma concluye.En este sentido, tal como afirma la autora en este libro. La imagen total, nadie ha filmado los desechos, las cosas acabadas, como lo ha hecho el director ruso: sin estetizarlos y sin antropomorfizarlos, sin convertirlos en mera prolongación de un sujeto sedente y sufriente. Son simplemente cosas acabadas, agotadas, que descansan en paz, cubiertas de la mugre con la que el tiempo las viste para hacerse visible: el tiempo, escribió el director de Stalker, se convierte en un medio cine, en una musa en el sentido pleno de la palabra.in praesentia o de superficie, volcado hacia un mundo que se manifiesta no como imaginario, como proyección de contemplador, sino como entidad autónoma, resistente. De lo que en él se trata es, sobre todo, de alcanzar una forma esquiva, de descubrir un gesto, aunque sea furtivo, del objeto, y a partir de ahí desarrollar un realismo que no transita a través de lo verosímil, de la mímesis naturalista, sino a través de la materia de la imagen, del contorno preciso del objeto, de la forma figurativa exacta.Tarkovski ha saturado sus películas de imágenes potencialmente simbólicas e hipercodificadas, inmediatamente reconocibles. Por el símbolo sólo funciona entre imágenes no simbólicas. Sólo funciona como excepción, no como regla. Pasado cierto umbral, la proliferación de lo simbólico anula el propio símbolo como imagen profunda, volviéndola ostentosamente superficial, imagen mil veces descifrada y es sellada: sólo se representa a sí misma y en sí misma concluye.En este sentido, tal como afirma la autora en este libro. La imagen total, nadie ha filmado los desechos, las cosas acabadas, como lo ha hecho el director ruso: sin estetizarlos y sin antropomorfizarlos, sin convertirlos en mera prolongación de un sujeto sedente y sufriente. Son simplemente cosas acabadas, agotadas, que descansan en paz, cubiertas de la mugre con la que el tiempo las viste para hacerse visible: el tiempo, escribió el director de Stalker, se convierte en un medio cine, en una musa en el sentido pleno de la palabra.Tarkovski ha saturado sus películas de imágenes potencialmente simbólicas e hipercodificadas, inmediatamente reconocibles. Por el símbolo sólo funciona entre imágenes no simbólicas. Sólo funciona como excepción, no como regla. Pasado cierto umbral, la proliferación de lo simbólico anula el propio símbolo como imagen profunda, volviéndola ostentosamente superficial, imagen mil veces descifrada y es sellada: sólo se representa a sí misma y en sí misma concluye.En este sentido, tal como afirma la autora en este libro. La imagen total, nadie ha filmado los desechos, las cosas acabadas, como lo ha hecho el director ruso: sin estetizarlos y sin antropomorfizarlos, sin convertirlos en mera prolongación de un sujeto sedente y sufriente. Son simplemente cosas acabadas, agotadas, que descansan en paz, cubiertas de la mugre con la que el tiempo las viste para hacerse visible: el tiempo, escribió el director de Stalker, se convierte en un medio cine, en una musa en el sentido pleno de la palabra.En este sentido, tal como afirma la autora en este libro. La imagen total, nadie ha filmado los desechos, las cosas acabadas, como lo ha hecho el director ruso: sin estetizarlos y sin antropomorfizarlos, sin convertirlos en mera prolongación de un sujeto sedente y sufriente. Son simplemente cosas acabadas, agotadas, que descansan en paz, cubiertas de la mugre con la que el tiempo las viste para hacerse visible: el tiempo, escribió el director de Stalker, se convierte en un medio cine, en una musa en el sentido pleno de la palabra.

Atributos LU

TítuloAndrei Tarkovski. La imagen total
AutorPilar Carrera
Tabla de ContenidoElogio de la intemperie
Santos Zunzunegui

Tarkovski o la imagen como Zona

La infancia de Iván, 1962

Andrei Rublev, 1966

Solaris, 1972

El espejo, 1974

Stalker, 1979

Nostalgia, 1983

Sacrificio, 1986

Preludio y fuga del género

Algunas tentativas biográficas
TipoLibro
ISXN9789505577606
Año de Edición2008
Núm. Páginas102
Peso (Físico)100
Tamaño (Físico)11 x 17 cm

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