En mi eterno retorno a los días en que era un niño fácilmente impresionable, la imagen de La última cena vuelve hambrienta de ser recordada: una réplica del cuadro de Leonardo da Vinci, colgada en un pasillo lateral de la iglesia de mi colegio. Con su genio divino, Da Vinci me ofrecía información valiosísima sobre la modestia, el ayuno y la piedad. (...) Nada sobra: en la mesa ni en el cuadro. El arte y la comida están unidos desde mucho antes de...