Nuestro sistema económico está roto. La crisis climática se acelera. La desigualdad se agrava. La confianza en las instituciones se desmorona. La riqueza se concentra cada vez en menos manos mientras los gobiernos intentan reparar aquello que los mercados no pueden resolver, en lugar de darles forma desde el principio. Durante demasiado tiempo, la economía ha concebido el «bien» —ya sean los bienes públicos o comunes— como un mero mecanismo para ...