Para cuando la encontre ya era demasiado tarde La musa acaricio mi mejilla con su gelida mano y me pidio que la ayudara a incorporarse Me quede alli sentado con su cabeza recostada sobre mi hombro y escuchando atentamente cada una de las historias en las que decidio gastar su ultimo aliento Desde entonces he intentado recordar palabra por palabra los insolitos relatos que me conto la agonizante y trastornada criatura Relatos sobre monstruos que s...