<p>Jorge Quaglia, a los cincuenta y tres años, llamaba más la atención por su costosa y elegante manera de vestir, la permanente erguida postura y las cuantiosas propinas, que por su fisonomía. No era buen mozo ni se destacaba por su altura y, a pesar de su cordialidad, tenía un gesto excesivamente duro en la cara que no correspondía a su manera de ser.[?]. "Anto" para él, era Antonella Callegari. Una espléndida mujer más joven que él, cuyo cuerp...