<p>Los cuentos que componen Caballo de verano están divididos en dos partes que pueden vincularse con dos gestos bien diferenciados. Hacia el interior del libro, marcan dos zonas espaciales: una que responde a una estética propia del campo argentino, reconocible en sus siestas y en sus áridos caminos, y otra que atraviesa estos límites y se interna en la urbanidad, inclusive en ciudades muy lejanas. Hacia el exterior del libro también marcan dos ...