<p>«No soy quien marcó el destino, sino quien ellos decidieron que fuera cuando lo desoyeron. Soy la mezcla de un mandato desacatado y la pasión que lo transgredió».<br> <br>Ella cierra los ojos para convocar la atención en los oídos. Las palabras le suenan familiares, pero apenas las adivina. Unos balidos marcan el fin de la jornada; los pasos cansinos de unos hombres lo entienden así. Irma se anima a abrir los ojos de a poco. El atardecer ya se...