<p>Un extraño llega en taxi una mañana a Labriegos. Lo hace cargado de libros y con claras intenciones de quedarse. A falta de un nombre propio y confiando en un vago rumor, en el pueblo comienzan a llamarlo el Endocrino, apelativo al que el forastero responde de buen grado. Afable y buen conversador, pronto demuestra poseer una sutil capacidad de observación y análisis que lo convertirá en una suerte de sabueso rural, de investigador de misterio...