En pugna con las presentaciones biografistas del romanticismo critico local pero atento a las derivas del sujeto y a los reflujos de la escritura Noe Jitrik renueva en 1959 la lectura de Horacio Quiroga y reabre su caso Considerado hasta entonces un genio menor adecuado a nuestro provincianismo literario Quiroga deviene con la publicacion de Los desterrados en 1926 pionero de una literatura de fronteras que abandona al fin los ropajes modernistas...
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