<p>La epidemia de fiebre amarilla que azotó a la ciudad de Buenos Aires entre enero y junio de 1871, fue como un monstruo sin cara, de la que no se conocía ni su etiología ni su patogenia, desafió a las autoridades sanitarias y a los propios médicos. Este desafío, que inicialmente buscó la limitación y cura de una peste muy temida, se tradujo finalmente en una trasformación más profunda que modificó las redes de contención social. Asimismo generó...