El cerebro del enterrador giraba en un torbellino con la rapidez del movimiento que estaba contemplando y las piernas se le tambaleaban mientras los espiritus volaban delante de sus ojos hasta que el duende rey lanzandose repentinamente hacia el le puso una mano en el cuello y se hundio con el en la tierra
Gabriel Grubb no era un hombre alegre Era un hombre solitario de humor agrio y vista venenosa tal que con solo mirarlo uno quedaria con el alm...
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