<p>Desde nuestros primeros amores nos relacionamos en la medida de nuestra carencia. No elegimos: buscamos reconocimiento. Buscamos con desesperación el halago que distrae, el cortejo amoroso que encubre la manipulación. Ese amor agasaja, pero somete; parece ideal, pero lastima. Ese amor nos lleva a aceptar, a darle entidad a la palabra ajena que nos deforma. ¿La causa? El molde de familia estructurado en una sociedad, la idea de linaje, de clan....