<p>Si dijera: "cuando uno escucha hablar, se oye a sí mismo", nadie me creería. Y si agrego a lo dicho que las palabras son simples sonidos que pugnan por acoplarse a nuestros pensamientos, tampoco me creerían.<br>Se oye y se tamiza el contenido de lo versado y uno se queda con sólo aquello que congenia con su propio razonamiento.<br>Nunca se presta plena atención a las palabras, sino a lo que conmueve de ellas.<br>Para escuchar, y además entende...