<p>A comienzos de marzo de 1812 arribó al puerto de Buenos Aires una fragata inglesa. Entre los pasajeros, figuraba un coronel del ejército español que había decidido mudarse a América como hombre de armas. Su foja de servicios era como mínimo impecable y el gobierno revolucionario tardó apenas ocho días en admitirlo como oficial de sus ejércitos. La necesidad de contar con soldados experimentados era urgente, y además las referencias lo volvían ...