En un Londres neblinoso y enfangado un pleito se eterniza en el decadente Tribunal de la Cancilleria La anquilosada maquinaria judicial asiste al paso de generaciones al suicidio o al enloquecimiento de algunos querellantes al enmohecimiento de las posesiones y a la ruina material o espiritual de incontables individuos con una impasibilidad que llega a lo cruel Esther Summerson Ada Clare y Richard Carstone seran los jovenes elegidos que junto a s...