A finales del siglo XXI, la sociedad es tan avanzada como se humanizada, y para Daniel Vans, las luces de neón, la publicidad holográfica y las drogas de diseño no son en absoluto un reclamo. Condenado a vivir en una silla de ruedas, pasa los días encerrado en su apartamento, conectado a su consola de realidad virtual, navegando en la red profunda como una unidad humana de información cifrada. El grado de aislamiento y alienación parecen conducir...