Pudiera parecer que Encarna y Federico, los protagonistas, carecen de vínculos, entre otras cosas porque ella es la típica universitaria, joven, inteligente (pero con muy malas pulgas), que habita los años noventa del siglo pasado, y él un señor de Albacete emigrado Barcelona poco después de nacer, que padeció el comienzo de la contienda civil, que fue evacuado a la Unión Soviética con otros niños y que, en los años cincuenta, retornó a España co...