Recoge este libro un recuerdo de Karl Liebnecht y Rosa Luxemburg, unas bicicletas de posguerra, una fábrica iluminada por Marx, y el amanecer del Báltico, además de otros capítulos que confluyen sin razón aparente en la ciudad rusa del lejano Oriente, donde Higinio Polo confiesa: ?Vladivostok fue una luminosa revelación, a la que me llevó una joven mulata que hacía sentadillas en la playa de Sant Miquel junto a la Estrella herida de Rebecca Horn,...