Todo aquel que haya abordado las ciencias físicas con cierto grado de detalle, habrá tenido ocasión de toparse con unas cantidades cuya fama de inmutabilidad les ha granjeado el nombre de «constantes fundamentales de la naturaleza». Cantidades que los estudiantes memorizan con reluctancia para los exámenes, y que, en el mejor de los casos, olvidan con igual rapidez tras haberlos superado: el número de Avogadro, la constante de Boltzmann, el enigm...