Como muchos de los libros de Jim Harrison Dalva fue escrita en una cabana con techo de estano rodeada de perros y caballos deambulando a su aire Uno tiene incluso la sensacion de que mientras escribia con una mano Harrison uso hasta el final una pluma estilografica con la otra ahogaba a una serpiente de cascabel Desde esa tension parecen construirse sus personajes casi siempre escorados hacia el Oeste recorriendo las inmensidades salvajes del con...