Las páginas de este libro nos permiten vislumbrar la voluntad de un poeta que concibe al ser humano como suma de signos y señales que, en una aparente divagación que no lleva a ninguna parte, pretenden dar fe de una singladura que comienza en Granada, pasa por Mallorca, Tenerife y Huelva y termina donde comenzó: Granada. Y todo en forma de cartas que no enviará a nadie, porque sabe que ya, ni esas ciudades de su singladura vital, ni nosotros mism...