Nuestro gato se retoza en lo gore, en el mundo del Martínez Montañés másmanierista en el pleno realismo barroquizante donde la sangre más que brotarpiensa por sí misma. El gato aquí es el escultor y el cristo en una imagineríade torsos desnudos, obscenos y tristes personajes. No es el poema en estecaso un resultado estético del que partir para modificar una realidad que ardeen el interior, es más bien una catarsis misma en el momento de contar y,...