«Un sillón. Un maldito sillón de IKEA había sido mi perdición. Por culpa de aquella butaca me hallaba yo en aquella situación. ¿A quién se le ocurría robarle un sillón a un vecino? Me sorprendí a mí misma recordando de golpe el día en que me mudé. No hacía mucho de aquello, pues habían pasado tan solo unas pocas semanas "treinta días para ser exactos" pero cuántas cosas habían sucedido desde entonces. Si le contara a alguien que debido al hecho d...