La vida a veces nos asoma a la felicidad, nos precipita en la bruma de la memoria, se tiñe con los tonos sombríos de abismos colectivos que aún son visibles en pleno siglo XXI, camina por sendas perdidas entre montañas o respira el aire y los olores de las calles cercanas que rebosan vida o que sufrieron la mutación del tiempo, de la economía convertida en crisis, del urbanismo y sus consecuencias para los barrios de la memoria. La vida se compon...