Alexandra había aprendido a creer en el amor a primera vista, para ser exactos creía que había amores que «habían sido, eran y siempre serían» aunque el destino hubiera decidido que nunca podrían ser. Sabía que el tiempo lo cura todo menos la añoranza y esa certeza la reconfortaba porque los recuerdos eran los balones de oxígeno que la mantenían viva.Jon seguía sin creer en los flechazos, prefería llamarlo esperanza, ilusión, vida o mejor aún, se...