Vivimos en una democracia demediada, en la que la corrupción se ha extendido más allá de lo que podía imaginarse -por mucha imaginación que se tuviera- en aquellos años de esperanza, cuando esa democracia se esculpía a fuerza de carreras y de recibir porrazos. Pero así son las cosas: esta democracia blanda, enfermiza, padece entre otros males el de la corrupción. Y si se habla de corrupción, la Comunidad Valenciana está en su epicentro. No es que...