En esta colección de cuatro piezas conectadas como cuatro lóbulos hepáticos, el hígado es la estrella de un sistema destinado a estrellarse. Algo (una aducción, una patología terminal, un buitre o un virus, como última voz narrante) te come el hígado; el hígado se come en pedacitos, en una sopa o como improvisadas galletas para perros; el hígado se engorda como un ganso en la campiña francesa, para ser devorado finalmente como una delicatessen de...