Adentrarse en los poemas de Andreas Neeser es pasar directamente al taller de un artesano, un taller al aire libre. Junto con las imágenes, las formas y los sonidos que vemos y oímos, respiramos el polvo del material esculpido, el olor de la pintura usada para un trazo, nos manchamos los dedos con el grafito partido durante la escritura. La bella singularidad de estos poemas reside en la manera en que todo ese proceso osmótico involucra al lector...