La pedofilia de algunos sacerdotes y religiosos y el modo en que el problema se ha gestionado es, ciertamente, una herida abierta en la vida de la Iglesia que suscita serios interrogantes: ¿Cómo es posible que personas consagradas a Dios hayan cometido semejante crimen? ¿Qué dinamismos psíquicos entran en juego? ¿Qué cultura hizo del silencio una respuesta? ¿Puede volver a suceder? La polvareda mediática y el tratamiento grueso de la cuestión ...