Generalmente, la vida matrimonial, repito que no la institución, vive una situación de angustia, inquietud e inseguridad, falta de inercia e impotencia. Y ello podría ser ante la falta de puntos sólidos de referencia, o a la escasez de formación necesaria de los futuros contrayentes, un desconocimiento de la afectividad, de la ternura, el diálogo, la alegría de convivir. Ello desemboca en un egoísmo a dúo, confiando hallar la felicidad solamente ...