Treinta y dos años después de su llegada a La Zanja, el ahora comandante de la guarnición recuerda el día en que, recién recibido su despacho de alférez, se presentó al oficial entonces al mando del acuartelamiento. Tras dos meses de viaje bajo el sol devastador de la estepa, le costó imaginar que algún día volvería a sentir la sensación de repulsa que le produjo el desaliño indumentario de aquel oficial del imperio. Sin afeitar y en mangas de un...