Hace cuatro tomos el detestable y solitario Lincoln había hecho un encuentro decisivo errando por las carreteras del Lejano Oeste americanoà Dios en persona. El todopo-deroso, anciano bajito con sombrero mejicano, había emprendido entonces la difícil tarea de reconvertir a nuestro antipático héroe en un justiciero bueno y feliz. Gracias a un pacto de inmortalidad, se puso entonces en marcha una saga llena de humor negro. Volvemos a cambiar de a...