Cuando nos acercamos al dolor de otra persona observamos cómo la desesperanza anida en su corazón y hace temblar todo su ser. Ayudar, sostener al otro en su dolor, en su herida, es proporcionarle esperanza. Es acompañar y sostener su malestar. ¿Cómo podemos hacerlo sin caer en la arrogancia del que se cree libre de sus propias heridas? Al acercarnos a las heridas del otro desde el rol de sanador, habremos de reconocer y saber de nuestras propias ...