Nada es ajeno al mundo. Todo cabeen su exacto acomodo, sin que sobre un espacio en la mesa, por más quecambies el orden de los ceniceros de plata, el entramado de su constelación.Él mantiene la casa como si el universoy no admite otro orden, convencido de que nada es posible en el acaso diario de la contingencia y que la belleza se cumple en su dictado.Víctima de su fragilidad disfrutará sin saber que con sólo cambiar un cenicero de su sitio pued...