La Escritura estuvo siempre presente en la aventura espiritual de san Agustín. Primero la consideró como el lugar donde podía hallar lo que anhelaba. Luego, como objeto de crítica. Finalmente como la solución de sus problemas. Con mayor razón, una vez convertido, pasó a formar parte de su existencia: alimento para su espíritu, nutrición para su plegaria. Sólo leyendo sus obras se puede percibir la centralidad que otorgaba a la Escritura en la vid...