Los presos, luego de ser condenados, debían pasar a través de un puente que unía el Palacio Ducal de Venecia con los calabozos. Se dice que el nombre de este puente proviene de los suspiros que los reclusos emitían al mirar desde allí la libertad que, según qué casos, nunca más disfrutarían. Esta pasarela barroca es conocida por ello como el Puente de los Suspiros. Aunque nada tiene que ver con la acepción romántica por la que hoy en día es conoc...