Hay un instante en los serenos ocasos de verano en que cualquiera diria que los objetos brillan como si devolvieran parte de la generosa luz que recibieron a lo largo del dia Era entonces cuando Marcelino dejaba lo que estuviera haciendo se incorporaba se pasaba el dorso de la mano por la frente y contemplaba el valle a sus pies Todo relucia y resonaba como una campana de luz dorada Tambien aquel ocaso de julio Marcelino se detuvo y contemplo La ...