A la hora de rastrear los orígenes del complicado triángulo geopolítico que Cartago, Roma y la Península Ibérica acabaron conformando, resulta imprescindible referirse a sus contactos diplomáticos y muy especialmente a los previos a su segundo enfrentamiento. En este sentido, los conocidos tradicionalmente por la historiografía como tratados romano-púnicos constituyen el principal referente. Los textos de estos acuerdos están, en buena parte, tra...