Esta es mi invitación personal a un día de tormenta en el que me inundan las metáforas. Un recorrido por mi meteorología interna, que sube y baja como la marea: desde las primeras nubes inocentes hasta los truenos que nadie quiere escuchar. Aquí no hay coherencia, soy una tormenta de verano en Navidad. Y es que todo el mundo cree que en mi ciudad siempre hace sol, porque aprendí a brillar en la oscuridad, y que mi cuerpo puede soportar cualquier ...