Durante los años ochenta y noventa del siglo XX, en lugares en los que nadie pensaba que fuese posible la vida, los científicos descubrieron unos organismos a los que calificaron de "extremófilos": seres que parecen estar más cómodos sumergidos en ácido que en agua; microbios que viven y florecen a unas temperaturas y unas presiones tan extremas que sus estructuras celulares tendrían lógicamente que desintegrarse; incluso organismos que se reprod...