En esta obra de Amílcar Osorio, hasta ahora inédita, el cuerpo —su cuerpo, el del errante, el de quien lee— atraviesa Medellín, Bello, El Retiro y el Golfo de Morrosquillo. Cruza la calle, el bar, el mar, la roca, la montaña. El otro movimiento, el que parece acentuación de la lentitud o, mejor, permanencia activa en lo aparentemente trivial e innecesario —movimiento que es primero agitación interna—, se manifiesta en cada capítulo del conjunto y...