“…Domínguez pone sobre sus propias heridas, abiertas y supurantes, un dedo inmisericorde, acusante y verdugo, extrayendo de ellas la brutal honestidad que manifiesta en sus versos, acompañada de una especie de disforia en donde hay poco espacio para las propuestas ornamentales del nuevo positivismo. Estos versos que comprometen el cuerpo y la psiquis ponen delante de nosotros un ser desnudo, casi descarnado, que no se apoya en los aburridos patet...