La libertad del individuo es el gran baluarte de la modernidad. Paradójicamente las lógicas economicista se establecen en diversos y cada vez más íntimos espacios. El individuo lejos de hacerse más libre se ve cada vez más expuesto a las coacciones externas (del mercado) y coerciones internas (el deseo) que someten con sus normas todos los espacios de la vida humana, ya no solo del mundo económico, sino de la salud, del ocio, de la comunicación, ...