En los cuentos de Hugo Oquendo hay dolor, sangre, sal, y un signo que nos interroga. Hay un país, una región, una historia que deja de ser historia y se convierte en paisaje amargo. Un pliegue oscuro, enérgico, sin embargo, que el lector no logra desestimar. Un filo, como el del alba que nos encuentra cansados y un poco agonizantes, marca la diferencia. El sol será otro, entonces. Un sol contradictorio y sugerente cuya clave sirve de apoyo a esta...